Qué pasatiempo para qué edad, y por qué
Cada uno de los cinco pasatiempos pide una destreza y solo funciona cuando el niño ya la tiene: aquí va qué destreza va con cada pasatiempo.
Las edades de los pasatiempos van de una destreza cada uno, no de lo listo que sea el niño. Cada tipo pide una sola cosa, y deja de funcionar cuando esa cosa falta: al niño no le resulta difícil, le resulta imposible, y desde el otro lado del aula las dos cosas se parecen. Lo que viene ahora es qué destreza pide cada uno de los cinco, y más o menos cuándo aparece. Y conviene decirlo: la escala no se acaba en Primaria, porque una sopa de letras para adultos y los juegos para personas mayores tiran de las mismas palancas con los números subidos.
Unir puntos, de cuatro a seis años. Pide contar en orden y nada más, así que el rango de números es la dificultad: un niño que cuenta con soltura hasta 20 puede con un dibujo de 20 puntos, y contar hasta 100 es el techo habitual del último curso de Infantil. El dibujo es el premio y la corrección a la vez, porque un número tomado fuera de orden aparece como una raya que cruza el dibujo de lado a lado.
Sopa de letras, de seis a nueve años, de 1.º a 3.º de Primaria. Pide reconocer letras más que leer: un niño que sabe emparejar la forma de una palabra impresa con lo que hay en la cuadrícula la encuentra sin saber leerla en voz alta. A esa edad quédate en dos direcciones, en horizontal y hacia abajo, y pon de ocho a doce palabras en una cuadrícula de 10x10. Las palabras al revés son el paso que añades a los nueve o diez años, porque una palabra invertida no se puede leer, solo reconocer.
Laberintos, a cualquier edad, porque lo único que cambia es el tamaño. No hay que leer nada ni contar nada, así que un laberinto de 10x10 le va bien a un niño de cinco años, uno de 15x15 a uno de ocho, y uno de 28x28 son diez minutos tranquilos para un adulto. Es el único pasatiempo que puedes repartir a un grupo entero y mezclado sin ordenarlo antes.
Crucigramas, a partir de los ocho años, de 3.º de Primaria en adelante. La barrera es la definición: el niño tiene que leer una frase, sostenerla en la cabeza, recuperar una palabra y escribirla a letra por casilla, que son cuatro cosas a la vez. Entregado demasiado pronto, un crucigrama se convierte en un ejercicio de lectura con un obstáculo enganchado. Los primeros crucigramas funcionan mejor con seis a diez palabras que la clase ya ha visto esa semana, para que recuperarlas sea la parte fácil.
Sudoku, a partir de los nueve o diez años, de 4.º de Primaria en adelante. Es lógica y no aritmética, y la prueba es que las cifras no se suman nunca a nada: cambia el 1 al 9 por nueve colores o nueve animales y el pasatiempo es el mismo. Por eso las cuadrículas de 4x4 con formas ya funcionan a los seis años, mientras que una de 9x9 espera al punto en el que un niño puede sostener una cadena de dos o tres pasos, del tipo esta casilla solo puede ser un 7, porque el 7 de esta fila tiene que estar dentro de aquel bloque.
Para una clase con tres años dentro, cambia los parámetros y no el pasatiempo. La misma lista de palabras da una cuadrícula de 10x10 con dos direcciones a un grupo y una de 15x15 con seis direcciones y palabras al revés a otro; el mismo laberinto da 10x10 y 25x25. Todo el mundo trabaja sobre lo mismo, todo el mundo termina más o menos a la vez, y nadie se queda con la versión de bebé de lo que tiene el de al lado.